J. L.       Jardí

REVOLUCIÓN INTERIOR EN LA OBRA DE JARDÍ, por Josep Mª Cadena


Davant de la força creativa que emergeix dels quadres que Juan Luís Jardí (Barcelona, 1961) exposa a la Sala Rusiñol de Sant Cugat crec que s'imposa com altament necessari avisar, a aquells que no haguessin tingut un contacte previ amb aquesta màgia que glateix als llenços, que l'autor, altament realista i figuratiu, aparentment dedicat a representar amb tot detall escenes de vida quotidiana –balls de carrer, vianants que miren aparadors, esperes o converses en bars mig buits, botigues de venda de bicicletes, transatlàntics que entren a port...–, és un subversiu en el millor sentit de la paraula, que representa personatges, en moltes ocasions repetits fins a tres vegades en escenes en les que sembla que s'hagi aturat el temps, que transmeten una vibració interior que sembla indicar que volen trencar amb tot el que s'han trobat per a aconseguir un món millor en el que poder ser plenament lliures.

Segons tinc anotat, segueixo al pintor Jardí des de que al mes de febrer de 1986 realitzà, a la ja desapareguda Sala Foga 2 de Barcelona, la seva primera mostra individual. Llavors ell tindria uns vint-i-cinc anys i ja demostrava que, a més de dibuixar i pintar a la manera dels mestres del realisme, disposava de pensament i manera de dir realment propis a la vegada que interessants. Aquestes característiques, professionalitat i intel·lecte, em van atraure i em motivaren a divulgar aquella exposició, la que dos anys després dugué a terme a la mateixa galeria, les que en 1990 i 1994 oferí a la Gaudí i la que en 1991 presentà a De Caso. Després el vaig esmentar periodísticament sempre que vaig poder, i a ell correspon el mèrit, doncs, ja que, conseqüent amb la seva manera de pensar i dir, arriscant-se a que no l'entenguessin, sempre s'ha mantingut fidel a les veritats pictòriques que defensa.

Fa uns anys, Jardí i jo ens trobàrem casualment per Barcelona, crec que fou al carrer del Consell de Cent, entre el de Balmes i Rambla de Catalunya. Ens aturàrem a parlar un moment i m'ensenyà un quadre seu que duia a una mà. Era cap al tard i el dia fosquejava, però recordo que aquella obra desprenia una llum que reconfortava l'esperit. Aquesta mateixa llum és la que penso que trobaran les persones que visitin l'exposició de l'artista.


UNA NUEVA VIDA EN LA PINTURA DE JUAN LUÍS JARDÍ, por Josep M. Cadena

Artista ampliamente dotado para la representación figurativa y con depurados conocimientos pictóricos, Juan Luis Jardí (Barcelona, 1961) dispone de un amplio y bien estructurado pensamiento creativo. La originalidad del mismo le sitúa en un lugar preeminente entre nuestros actuales creadores de un surrealismo crítico y a la vez irónico. La atrevida y bien equilibrada combinación de imágenes que, a pesar de estar basadas en la racionalidad de los hechos sociales persiguen la libertad que dan los sueños, hace que la singularidad de sus planteamientos nos resulte siempre atractiva, y nos lleve a considerar que, más allá de los indudables valores pictóricos, hay una concepción sobre la condición humana que hay que tener en cuenta para mejorar nuestra sociedad.

Personalmente conozco la obra de Jardí desde comienzos del año 1986, cuando por primera vez ví una exposición suya en Barcelona, en la hace tiempo desaparecida sala de arte Foga 2. Él, que entonces era un joven de unos veinticinco años de edad, evidenciaba unas cualidades formales muy notables, acompañadas de un pensamiento original que me gustó. Creo recordar que Jardí en aquel entonces acababa de obtener un primer premio de dibujo juvenil instituido por la Generalitat de Cataluña, y a mi me impresionaron favorablemente la buena base que tenía y la voluntad creativa que ponía de manifiesto. Aún estaba en sus inicios, pero demostraba unas virtudes que en las exposiciones que siguieron a aquella no pararon de crecer. Y en lo que se refiere a mi tengo que declarar, con toda modestia y sin presumir de nada, que siempre he sentido gran respeto, teñido de admiración, por la obra que este artista iba construyendo mientras se buscaba a sí mismo y entendía cada vez mejor el impulso creador que lucha para manifestarse en el ser humano.

Sus evocaciones pictóricas siempre han gozado de una gran fuerza, tal y como es visible en la presente exposición, en que, por ejemplo, nos sitúa como espectadores de un hipotético museo en el que la figura de un elefante se revela un precedente creado por la naturaleza para que el hombre haya creado el camión como elemento auxiliar dentro de las necesidades de la sociedad desarrollada. O bien escoje el misterio de un salón de lujos románticos con una televisión encendida donde unas ocas que van a la suya no dedican ningún tipo de atención...

Cada cuadro de los que ahora nos presenta Juan Luis Jardí merece atención por lo que dice y por la forma en la que se expresa. El pintor nunca cae en la banalidad de lo que simplemente se ve, si no que profundiza en la representación de las cosas y hace que todo tenga una nueva vida.



JUAN LUÍS JARDÍ y su constante entrega a la obra bien hecha

Esta es la primera vez que la pintura de Juan Luis Jardí (Barcelona, 1961) está presente en la Sala Rusiñol de Sant Cugat. El pintor llega cuando su obra, que comenzó a levantar desde muy joven y que sorprendía porque era la de un niño prodigio de la figuración plástica, ha llegado a ganar un alto grado de maduración. Y dentro de ella resulta obligado destacar que, como artista, su autor se ha mantenido dentro de una misma línea de explicación del entorno que le es propio y al cual nunca ha querido renunciar. El mundo de la infancia, aquel en el que la persona que crece, desde el interior, se sorprende de aquello que ve y a la vez lo hace suyo con el afán de entender las diversas caras de una misma realidad. De aquí las trilogías de un mismo observador e incluso la cuatrilogías de los seres humanos contemplados desde las acciones externas para encontrar sus diferentes reacciones.

El paisaje de cada cuadro, aquel donde actúan las figuras, es único a partir de todas sus particularidades, minuciosamente captadas. Jardí no tiene ninguna duda respecto al entorno que escoge, sea un paisaje nevado, muy propio en los momentos en que nos encontramos, una playa o un espacio urbano. Y tampoco duda de que el espectador –en primera instancia él mismo, pero también pueden ser otros que existen o imagina- quiera integrarse en el conjunto, pero a la vez tiene diversas maneras de hacerlo y él desea representarlo para entender las diferentes opciones que siempre tenemos.

Cada ser humano duda y gracias a esto puede encontrar el camino más adecuado para avanzar hacia su mejora. Se equivocaría si no dudase, aunque tiene que hacerlo de manera positiva, siempre dispuesto a encontrar el atajo más útil que le salga al paso. Y para hacerlo, Juan Luis Jardí nos da, generoso, las pistas con sus cuadros.

Intensamente concentrado en su obra, el artista siempre quiere sentirse seguro de lo que dice. Y aunque es de naturaleza callado cuando se relaciona directamente con la sociedad, resulta ampliamente explícito cuando, entregado del todo a la pintura, busca por medio de sucesivas matizaciones, la luz, intensa y clara, que hay al final del laborioso proceso al que somete cada cuadro que pinta. Tiene un don natural que sabe administar en su constante búsqueda de la verdad humana.

José Mª Cadena

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