VIVES FIERRO

Nacido en Barcelona el año 1940, estudió en la Llotja de Barcelona. A los veinte años se trasladó a París i más tarde a Londres, Nueva York y Ginebra, donde entra en contacto con la pintura y los museos. El año 1962 vuelve y presenta su primera exposición en Cartagena. Dos años después inicia un numeroso itinerario de exposiciones en nuestro país.

A nivel internacional su obra ha estado expuesta en Suiza, Francia, Grecia, Cuba, Nueva York … así como en museos, entre los que podemos destacar el Museo Reina Sofía de Atenas o el Museo Olímpico de Lausanne. También ha presentado exposiciones monográficas en el Gran Teatro del Liceo y en el Palacio de la Música Catalana. Ha obtenido diversos premios como el de Dibujo del Real Círculo Artístico de Barcelona y son numerosas las publicaciones dedicadas a su obra.

Artista que sabe mirar más allá de lo que ve, aprovecha la brillantez de toda actividad social para encontrar los vínculos con una sociedad mucho más compleja y que sabe de las dificultades en las que se mueven los seres humanos en muchos lugares del mundo. Parte de las ciudades como organismos vivos para crear unas obras con personalidad plural y dinámica, con construcción y destrucción a la vez, con carteles y rótulos que forman parte de un conjunto que es primordialmente comunicativo desde las formas a los colores.



LA PINTURA VITALISTA DE ANTONI VIVES FIERRO, por Josep Mª Cadena

Personalmente he seguido siempre con gran estima la trayectoria artística de Antoni Vives Fierro (Barcelona, 1940) desde que a mediados de los años setenta del siglo XX –escrito así parece una eternidad, y quizá lo sea, ya que cuarenta años constituyen una cifra bastante notable- colaboramos en la realización de un libro sobre los encantes de Barcelona, y puedo decir que este artista, para quien vivir y pintar son una misma cosa, ha demostrado sobradamente en los sucesivos temas que ha tratado –sean las calles de Barcelona, las capitales europeas, la Cuba a la que ha viajado con asiduidad, las muñecas o los niños- una exitosa voluntad de avanzar.

Vives Fierro ama la vida, y su pintura nos quiere hacer participar del disfrute que el autor experimenta ante una serie de de manifestaciones placenteras que la existencia pone a nuestro alcance, y que a menudo, quizá porque vamos demasiado atareados, no apreciamos ni disfrutamos como corresponde. El pintor se siente cómodo en las ciudades, espacio de progreso por excelencia. Pero su urbe, aquella que reivindica, no es deshumanizada y agresiva, si no que se trata de un hábitat en el que es possible pasear tranquilamente y donde la naturaleza está presente en forma de árboles y de ríos que vienen de montañas y morirán en el mar. En este núcleo urbano ideal incluso el tráfico es civilizado, y las parejas que circulan en vespa, a semajanza de Gregory Peck y Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma, exhiben sonrisas de felicidad. Y también los turistas que se mueven en bicitaxi, porque saborear un paisaje requiere un ritmo de desplazamiento pausado, se muestran satisfechos, ya que conocer otros lugares y culturas siempre complace al alma inquieta.

Vives Fierro es artista, de aquí que se muestre especialmente interesado en manifestaciones artísticas. Así tenemos un pianista que busca contagiar su alegría, una batería que marca el ritmo y un pintor que traza formas coloreadas entre las que destaca un corazón rojo. Y todavía, más allá del estricto númerus clausus de las Bellas Artes, pero con una igual vertiente estética, hay una gimnasta que practica una acrobacia, una pareja que baila y un artista de cabaret que combina la feminidad de unas medias y de un hombro al aire con un gorro masculino. A la vez, una joven que ha adoptado la posición de loto y practica yoga representa la espiritualidad, y un prestidigitador que mantiene una mujer suspendida en el aire nos recuerda la magia que nunca debe faltar en nuestras vidas.

Considero que Vives Fierro se encuentra en un momento muy libre, sin presiones, y que esto nos beneficia, ya que nos permite disfrutar con más intensidad de su arte, un trabajo en el que sobre todo destaca el amor por todo aquello que alegra el corazón, complace la mente y llena el espíritu, una actitud vital que es una lección a aprender.



VIVES FIERRO Y EL SIMBOLISMO DE SUS NIÑOS, por Josep Mº. Cadena

La actual exposición de pintura de Antoni Vives Fierro en la Sala Rusiñol se mueve dentro de una temática que a primera vista puede parecer infantil, ya que la mayor parte de las figuras son ninos y niñas. Nada, sin embargo, más alejado de la realidad, ya que los personajes que se describen –unos pequeños seres que, a pesar de la poca edad que aparentan, no solo se visten y actuan como persones adultas, si no que, con pillería y sentido irónico, saben enjuiciar el ambiente en el que crecen- son alegorías y referencias de la sociedad civil en la que todos nos encontramos inmersos a la vez que somos protagonistas.

Esta nueva iconografía no significa ninguna rotura en el largo y fructífero proceso creativo del artista, si no una sublimación de experiencias y conocimientos por parte de quien siempre se ha integrado en el entorno de la sociedad y ha querido explicarla con colores y formas que informan a la vez que emocionan.

Hace más de veinte años acompañé a Toni Vives Fierro a dar un paseo por los antiguos Encantes de Barcelona. Actualmente, un amplio proceso de mejoras urbanísticas ha comportado el cambio de lugar y aspecto de los mismos y nada tienen que ver con lo que antes se veía. Todo se ha hecho para que mejoren en el servicio que dan a la ciudad y para favorecer a los que en ellos tienen sus intereses materiales. Los resultados han sido intensos y hay que esperar que resulten provechosos para todos. Por tanto, si las nuevas generaciones quieren saber como eran antes, tendrán que ir a recuperar fotografías y documentos conservados en archivos. Pero si de verdad desean entenderlos, les recomiendo que busquen los cuadros que sobre ellos pintó Vives Fierro y que, recogidos en un libro en el que yo, modestamente, tenía comentarios en prosa, dan testimonio de como sus paradas y telas movidas por el viento eran un permanente y tozudo sentimiento de libertades cívicas y humanas.
br>Ha pasado tiempo y han cambiado muchas cosas. Los ojos del pintor se han fijado en cosas muy diversas, y con su arte nos ha explicado las calles de La Habana, los monumentos y las tiendas de Barcelona, así como los payasos, los pobres y las muñecas, junto a muchos otros aspectos que forman el entramado de la vida, que es una amalgama de imágenes y de frases que nos llegan desde todos los lados y contribuyen a formar la personalidad colectiva. La mirada de nuestro pintor siempre ha ido al fondo de lo que los ojos ven, y por eso su pensamiento, àgil y crítico a la vez, se ha enriquecido sin ceder en nada de lo que ha considerado necesario expresar. Es decir: siempre ha preferido la verdad y esta es la que nos ofrece actualmente de nuevo en sus cuadros.El mundo que ahora nos presenta es muy variado: bailarinas, artistas de circo, futbolistas, jugadores de ajedrez, jugadores de golf, limpiabotas, gente que habla y que lee... Y sobre todo, músicos y una orquesta en la que él, director de toda esta gran movida de niños, nunca aparece, a pesar de que es quien lleva la batuta y toca con acierto y gran sentido armónico los instrumentos de la realidad humana que nos refleja.


EL SENTIDO DE FUTURO DE ANTONI VIVES FIERRO, por Josep Mª Cadena

La sociedad humana puede ser muy caótica. Antoni Vives Fierro, que mira con lucidez hacia el exterior de todo lo que le rodea para poder situarse en su interior, lo sabe y lo refleja con su pintura-collage. Aprovecha elementos muy diversos y que llegan como por azar a su conocimiento -ellos creen que van a la suya en las revistas de colores y de sociedad, pero el pintor las espera en el lugar justo por el que sabe que tienen que pasar- para que, situados individualmente fuera de contexto, creen una nueva dimensión pictórica. Todos sus elementos se basan en realidades que se pueden reconocer y ser identificadas por sus propias características, pero gracias a él forman un nuevo conjunto por el que navegar como el astronauta que busca espacios desconocidos y se sorprende de que los mismos creen nuevas expectativas a partir de conceptos que ya se conocen.

Antoni Vives Fierro sabe navegar por la espuma de la vida y aprovecha las olas que el mar del pensamiento levanta para conectar con la dinámica que viene de las primeras miradas de la infancia, así como de las sensaciones que un día fueron totalmente nuevas. Por eso, en esta exposición, en la que encontramos al pintor que ha ido avanzando en la expresión de la complejidad de los conceptos, también tenemos la grata sorpresa de poder ver como interpreta a través de las formas de las criaturas el modo como tenemos que mirar hacia el exterior. De esta forma nos incita a renovarnos como personas y a desear una sociedad mejor que aquella que nos encontramos y que, en el mejor de los casos, sólo hemos intentado reformar.

Aunque no lo parezca, la propuesta que Vives Fierro nos hace en esta parte de la exposición que ahora comento, es radical. Los niños que figuran en estas obras hablan por ellos mismos, ya que el pintor ha dejado de lado todos sus conocimientos y conceptos de adulto que ha hecho una exitosa y larga travesía por la vida para ponerse al servicio de las personalidades que en crecen en ellos con indudable fuerza. Los ve como miembros de la generación del futuro que se acerca y que no podremos dominar porque, colectivamente, nos hemos gastado en actividades mal estructuradas y sin ninguna salida.

Individualmente, por fortuna, hay personas altamente valiosas y reciban todas ellas nuestro sincero homenaje, pero en conjunto nos falta grosor y eso es lo que capta el artista cuando ve el positivo protagonismo que tomarán, sin ningún tipo de duda y para bien de todos la nueva generación que él retrata.

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