BARCELONA, 1961 Juan Luis Jardí

Busca, mediante sucesivas matizaciones, la luz, intensa y clara, que hay al final del laborioso proceso al que somete cada cuadro que pinta.

Sus imágenes, oníricas o reales, siempre nos abren un conjunto grande de posibilidades para que cada uno mantenga su opinión.

BIOGRAFÍA

Licenciado en Pintura Mural por la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Barcelona «Llotja», ha sido galardonado con importantes premios de pintura. Siempre se ha mantenido dentro de una misma línea de explicación del entorno que le es propio y al que nunca ha querido renunciar: el mundo de la infancia, aquel donde la persona que crece, desde el interior, se sorprende de lo que ve y, a la vez, lo hace suyo con el afán de entender las diversas caras de una misma realidad.

De ahí las trilogías de un mismo observador y hasta las cuatrilogía los seres humanos contemplados desde las acciones externas para encontrar sus diferentes reacciones. De esta forma se sitúa entre lo real, lo que vemos, y lo subjetivo, lo que él ve o quiere hacernos ver. Es un moderno romántico de la expresión. Busca, mediante sucesivas matizaciones, la luz, intensa y clara, que hay al final del laborioso proceso al que somete cada cuadro que pinta. Nos transporta a un mundo original y soñado, el mundo propio del artista, de las calles, los barrios neoyorquinos, de la mistoriosa Estambul, los coches antiguos, los escaparates de las tiendas de viejo … Sus imágenes, oníricas o reales , siempre nos abren un conjunto grande de posibilidades para que cada uno mantenga su opinión.

UNA NUEVA VIDA DENTRO DE LA PINTURA DE JUAN LUIS JARDÍ

por Josep M. Cadena

Artista ampliamente dotado para la representación figurativa y con muy depurados conocimientos pictóricos, Juan Luis Jardí (Barcelona, ​​1961) dispone de un amplio y bien estructurado pensamiento creativo. La originalidad del mismo lo sitúa en un lugar preeminente entre nuestros actuales cultivadores de un surrealismo crítico y a la vez irónico. La atrevida y bien equilibrada combinación de imágenes que, pese a ser basadas en la racionalidad de los hechos sociales persiguen la libertad que dan los sueños, hace que la singularidad de su planteamiento nos resulte siempre atractiva, y nos lleve a considerar que, más allá los indudables valores pictóricos, hay una concepción sobre la condición humana que hay que tener en cuenta para la mejora de nuestra sociedad.

Personalmente conozco la obra de Jardín desde comienzos del año 1986, cuando por primera vez vi una exposición suya en Barcelona, ​​en la desde hace tiempo desaparecida sala de arte Foga 2. Él, que entonces era un joven de unos veinte y cinco años de edad, evidenciaba unas cualidades formales muy notables, acompañadas de un pensamiento original que me gustó. Creo recordar que Jardín entonces acababa de obtener un primer premio de dibujo juvenil instituido por la Generalidad de Cataluña, y a mí me impresionaron favorablemente la buena base que tenía y la voluntad creativa que ponía de manifiesto. Aunque se encontraba en sus comienzos, pero demostraba unas virtudes que en las exposiciones que siguieron a aquella no pararon de crecer. Y en cuanto a mí tengo que declarar, con toda modestia y sin presumir de nada, que siempre he sentido gran respeto, teñido de admiración, por la obra que este artista iba construyendo mientras se buscaba a sí mismo y entendía cada vez mejor el impulso creador que lucha para manifestarse en el ser humà.Les sus evocaciones pictóricas siempre han gozado de una gran fuerza, tal como es visible en la presente exposición, en la que, por ejemplo, nos sitúa como espectadores de un hipotético museo en el que la figura de un elefante es revela un precedente creado por la Naturaleza para que el hombre haya creado el camión como elemento auxiliar dentro de las necesidades de la sociedad desarrollada. O bien recoge el misterio de un salón de lujos románticos con una televisión encendida en la que unas ocas que a su no dedican ningún tipo de atención …

Cada cuadro de los que ahora nos presenta Juan Luis Jardín merece atención en lo que dice y por la manera en que se expresa. El pintor no cae nunca en la banalidad de lo que simplemente se ve, sino que profundiza en la representación de las cosas y hace que todo tenga una nueva vida.

JUAN LUÍS JARDÍ Y SU CONSTANTE ENTREGA A LA OBRA BIEN HECHA

por Josep M. Cadena

Esta es la primera vez que la pintura de Juan Luís Jardín (Barcelona, ​​1961) está presente en la Sala Rusiñol de Sant Cugat. El pintor llega cuando su obra, que comenzó a levantar desde muy joven y que sorprendía porque era la de un chico prodigio de la figuración plástica, ha llegado a ganar un alto grado de maduración. Y dentro de ella resulta obligado destacar que, como artista, su autor se ha mantenido dentro de una misma línea de explicación del entorno que le es propio y al que nunca ha querido renunciar. El mundo del niñez, aquel donde la persona que crece, desde el interior, se sorprende de lo que ve y al mismo tiempo lo hace suyo con el afán de entender las diversas caras de una misma realidad. De ahí las trilogías de un mismo observador y hasta las cuatrilogía los seres humanos contemplados desde las acciones externas para encontrar sus diferentes reacciones.

El paisaje de cada cuadro, aquel donde actúan las figuras, es único a partir de todas sus particularidades, minuciosamente captadas. Jardín no tiene ninguna duda respecto al entorno que escoge, sea un paisaje nevado, muy propio dentro de los momentos en que nos encontramos, una playa o un lugar urbano. Y tampoco duda de que el espectador -en primera instancia él mismo, pero también pueden ser otros que existen o imaginación quiere integrarse en el conjunto, pero a la vez tiene varias maneras de hacerlo y él desea representarlo para entender las diferentes opciones que siempre tenemos.

Cada ser humano duda y gracias a ello puede encontrar el camino más adecuado para avanzar hacia su mejora. Se equivocaría si no dudara, aunque debe hacerlo de manera positiva, siempre dispuesto a encontrar el atajo más útil que le salga al paso. Y para hacerlo, Juan Luís Jardín nos da, generoso, las pistas con sus cuadros.

Intensamente concentrado en su obra, el artista siempre quiere sentirse seguro de lo que dice. Y aunque es de natural callado cuando se relaciona directamente con la sociedad, resulta ampliamente explícito cuando, entregado por completo a la pintura, busca mediante sucesivas matizaciones, la luz, intensa y clara, que hay al final del laborioso proceso al que somete cada cuadro que pinta. Tiene un don natural que sabe administrar en su constante búsqueda de la verdad humana.

Exposiciones

JUAN LUIS JARDI

«SILENCIO»

JUAN LUIS JARDI

«A SAFE PLACE»

JUAN LUIS JARDI

«PRÓXIMA PARADA WILLOUGBI»