BARCELONA, 1936 Josefina Ripoll

Sus obras son manifestaciones de un espíritu vital que desde la sabiduría y la maestría de la experiencia acumulada no renuncia a la búsqueda introspectiva.

Pintora de gran sensibilidad, sus composiciones florales y sus bodegones van más allá de lo que es la representación figurativa.

BIOGRAFÍA

Desde muy joven ya sentía inquietudes que la condujeron por el camino de la poesía y el de la expresión plástica, de forma que a los dieciséis años asistió a clases de dibujo en la Llotja. Más tarde, entrará en la Escuela de Bellas Artes, donde completará su preparación, que se vio ampliada en el Instituto del Teatro donde descubre el camino del diseño de figurines así como el vestuario escénico.

Posteriormente, realiza estudios de la técnica del fresco y de la figura al natural, que se hacen notar en su obra expresada dentro de un lenguaje figurativo-realista que conoce el oficio y la manera de utilizarlos. Pintora de gran sensibilidad, sus composiciones florales y sus bodegones van más allá de lo que es la representación figurativa. En sus cuadros se encuentra una natural y bien trabajada sensibilidad, junto con una notable y siempre creciente capacidad para motivar la reflexión sobre los caminos que los humanos tenemos de manifestarnos. Flores y frutos actúan a la manera de estímulos y, a pesar de ser fieles representaciones de unos elementos que ofrece la Naturaleza, hacen pensar en normas de vida. Organiza los elementos de acuerdo con lo que quiere expresar y deja fluir con naturalidad su discurso cromático. Emociones y sensaciones se enlazan de una manera lógica y muy positiva.

VIRTUDES ESTABLES Y RENOVACIÓN EN LA PINTURA DE JOSEFINA RIPOLL

por Josep M. Cadena

Bodegones, naturalezas muertas, limones y frutas variadas esparcidas sobre una mesa y jarrones con flores son motivos habituales en los pintores figurativos de larga trayectoria profesional. Estos artistas buscan manifestar lo que íntimamente sienten mediante la representación de lo que tienen como más cercano. El mérito reside entonces en abandonar la seguridad de los cañones preestablecidos para dar salida a una voz propia que como tal merezca ser tenida en cuenta. Y justamente esta ha sido siempre la apuesta de Josefina Ripoll, una pintora que ha practicado la libertad de acción más allá de las normas y el costumbres protectores para poder aportar innovación a un género temático de larga tradición, y que ahora expone nuevamente en la Sala Rusiñol de Sant Cugat.

Las plantas y flores de Josefina Ripoll reivindican virtudes humanas. La serena belleza de las hortensias es una loa al equilibrio de un alma en paz, y los pámpanos cargados de uva hablan de las dulces recompensas que esperan a aquellos que no violentan el entorno que los acoge. A la vez, el estallido de las flores es la alegría a la que debemos tender. Josefina Ripoll observa y ama la vida vegetal que llena el jardín de su casa de Teià, ya la manera del gran místico San Juan de la Cruz querría que la armonía y la belleza que ella ve crecer de la tierra neas a los corazones de las personas. Hay, por tanto, un fuerte paralelismo entre las características de las naturalezas que exhibe la pintora y los ideales de perfección espiritual.

Ripoll también se adentra en los temas marítimos, en que capta primeras impresiones de un mar agitado como lo pueda estar un ánimo conturbado que precisa serenarse. La inquietud proviene de la lucha por el dominio de la realidad que tiende a deslizarse, y la efervescencia de este choque es la espuma que corona la ola. Estas obras son manifestaciones de un espíritu vital que desde la sabiduría y la maestría de la experiencia acumulada no renuncia a la búsqueda introspectiva. Ripoll, artista que sigue buceando en el mar inmenso en que todos somos náufragos a la deriva, es ola que no descansa, y por muchos años.

JOSEFINA RIPOLL

por Josep M. Cadena

Es una elegante composición, seguida de una realización fiel -llena de oficio y sensibilidad- la que Josefina Ripoll (Barcelona 1936) cumple a su pintura. Obra nacida de un dibujo que sabe hacer obediente a los modelos, y que, abierto al otro que nace de la pinzellació, asumiendo la caligrafía, aleja la duda y se acerca a la certeza de no caer en el error , constituyéndose en lenguaje expresivo de su quehacer. No es extraño que así sea: la dedicación al diseño de figurines, así como el vestuario escénico y, aún, los estudios de la técnica del fresco y de la figura al natural, se hacen notar en su obra expresada dentro de un lenguaje figurativo-realista que conoce el oficio y la manera de utilizarlos.

Pintora de gran sensibilidad, sus composiciones florales y sus bodegones van más allá de lo que es la representación figurativa. En sus cuadros se encuentra una natural y bien trabajada sensibilidad, junto con una notable y siempre creciente capacidad para motivar a la reflexión sobre las maneras que los humanos tenemos de manifestarnos. Flores y frutos actúan a la manera de estímulos y, a pesar de ser fieles representaciones de unos elementos que ofrece la Naturaleza, hacen pensar en normas de vida.

Josefina Ripoll organiza los elementos de acuerdo a lo que quiere expresar y deja que vaya fluyendo con naturalidad su discurso cromático. Porque aunque los colores vienen de los que ofrece la Naturaleza, son tan sentidos por lo que interiormente representan que ofrecen las gracias del pensamiento por encima de las tonalidades que coge la materia. Emociones y sensaciones se enlazan de una manera lógica y muy positiva. Los ricos juegos de gamas, matices, presencia de la luz … aportaciones que pueden ser consideradas como verdaderas sinfonías, bien orquestadas por bien dirigidas.

En la pintura de Josefina Ripoll hay, sin lugar a dudas, el conocimiento de la técnica, la perfección en el conjunto y en los detalles, la capacidad para que el discurso estético sea eficaz. Pero lo que más hay es una sensibilidad que informa de un amplio conjunto de virtudes humanas y que el artista transmite con natural sencillez a sus obras. Por eso estas, sin dejar de ser personales, tienen la gracia globalizadora de que las sentimos muy integradas en nuestras particulares vivencias.

Limones y membrillos, almendros en flor, bodegones con frutas mediterráneas y otras manifestaciones de la temática que más la representa, nos reafirman en las maneras de sentir y de actuar que nos vienen de siempre y que, viviéndolas, las podemos transmitir a que nos siguen. La Naturaleza sabe repetirse en sus ciclos para mantenerse fresca, joven y actual; y esto también ocurre con la pintura de Josefina Ripoll.

Obras disponibles

COPA Y PENSAMIENTO

Óleo/madera 25,5×21 cm

PORCELANAS

Óleo/madera 27×22 cm

Exposiciones

JOSEFINA RIPOLL

«MI MUNDO»

JOSEFINA RIPOLL

«PÉTALOS»