BARCELONA, 1957 Maite Llongueras

Artista de una vitalidad excepcional, comprometida con la existencia y con la luz exultante que enciende los colores, escribe en cada forma la plenitud de su gesto.

Plasma sus emociones en las aguas mediterráneas, transparencias, interiores y bodegones de su estudio con membrillos y pinceles.

BIOGRAFÍA

Licenciada en Pintura Mural en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos (Llotja) de Barcelona, ​​amplió sus estudios al óleo con el maestro olotí Vilà Cañellas y en la Escuela del Mediterráneo con Torrents Lladó (Palma de Mallorca). Completó su educación estética con viajes en Europa, especialmente en París, Holanda e Italia. También contribuyó a su formación una sensibilidad artística cultivada en el seno familiar a través de la música y la poesía.

Trabaja intensamente la pintura al óleo. Durante los primeros años se dedicó a plasmar sus emociones en las aguas mediterráneas, transparencias, interiores y bodegones de su estudio con membrillos y pinceles. Los últimos ocho años ha añadido el tema de los carruseles y paisajes de Barcelona, ​​creando, al mismo tiempo, una colección de cuentos ilustrados con sus pinturas, Tibidabo 360º.

Es socia del Real Círculo Artístico desde el año 1975 y desde el 2001 del Sant Lluc de Barcelona. Ganadora de varios premios de pintura, encontramos obras suyas en museos como el Museo Municipal de Llanes (Asturias), Museo de Pintura Hispana de San Francisco USA, entre otros, ya colecciones particulares de USA, Japón, Argentina, Canadá …

por Josep M. Cadena

Las obras de Maite Llongueras nunca son la expresión de la convencional belleza de la naturaleza, sino que ponen de manifiesto los sentimientos que la pintora comparte con la sociedad a la que pertenecemos. Son obras activas que ponen de manifiesto la voluntad, que todos llevamos en nuestro interior de ser uno mismo. Y aún diría que la misma afirmación de la personalidad la encontramos en la temática del carrusel que, empotrada en los últimos años, ofrece como novedad en la presente exposición.

De un modo u otro la vida, a pesar de la estabilidad que queremos darle, es como un parque de atracciones en el que la mirada se enciende, el corazón late con fuerza y ​​los sentidos se despiertan cuando decidimos aprovechar las oportunidades de diversion que nos ofrece. El carrusel gira y los caballetes, aparentemente inmóviles, suben y bajan mientras creemos avanzar hacia nuevas situaciones que, en realidad, al final del viaje nos llevan al punto de partida. Pero el gozo del viaje, aunque siempre sea efímero y no lleve a ninguna parte, es bien nuestro y nadie nos los podrá tomar.

M. Llongueras consolida con esta exposición sus cualidades como pintora que en la realidad tangible sabe encontrar las emociones que pertenecen al inmenso ámbito del espíritu. En los cuadros que presenta está ella, pero también nos encontramos nosotros en el crecimiento de los sentimientos y en el girar de las cosas.

por CARLES DUARTE I MONTSERRAT (poeta y Director Fundació LLuís Carulla)

Maite Llongueras es una artista de una vitalidad excepcional, comprometida con la existencia, con la luz exultante que enciende los colores y escribe en cada forma la plenitud de su gesto. Hace tiempo que sigo y admiro la obra de Maite Llongueras, su talento singular para hacer de cada trazo una expresión sutil y sobrecogedora de belleza. Amo su manera prodigiosa de hacer surgir del mar su alma reflejada de cristales azules y verdes donde se zambullen atónitos y gozosos nuestros ojos.

Ahora con la exposición TIBIDABO 360º Maite Llongueras retoma precisamenr este paisaje de sentimientos profundos, latentes, fundacionales y nos invita a una experiencia empapada de la magia de los sueños, como si el círculo que hace años que considerábamos ya cerrado se reabriera para acogernos de nuevo en un refugio familiar que persiste y Reiniciar el trayecto cíclico del avión panorámico, los caballitos, de la noria … que prosiguen incesantes su paso parsimonioso girando el mismo escenario que el ciclo de las horas y de las estaciones progresivamente transforma.

La Sierra de Collserola que el Tibidabo culmina convierte en esta espléndida serie de pinturas un territorio particular desde donde podemos observar el mundo, porque, más allá de la sucesión de las imágenes reiteradas, hay un alejamiento del tiempo concreto, real, por dejarnos llevar por los parajes imprecisos de la mente hacia el que más esencialmente éramos y somos, como un retorno, reencontrándose nos.

Obras disponibles

CADAQUÉS

Óleo/tela 33×41 cm

MALLORCA

Óleo/tela 46×55 cm

M. LLONGUERAS

«TIBIDABO 360º»