BARCELONA, 1971 Tatiana Blanqué

Se interroga sobre qué esconden los árboles en un ejercicio que busca ir más allá de las apariencias para captar la esencialidad de la realidad.

Capta a la perfección el ambiente de las zonas boscosas, de las que nos hace admirar el valor de la belleza y la virtud del equilibrio.

EL BOSQUE ARTÍSTICO DE TATIANA BLANQUÉ

por Josep M. Cadena

Tatiana Blanqué deja atrás el ruido ensordecedor de la ciudad que no concede ningún respiro para la necesaria reflexión que nos puede dar las respuestas a las muchas preguntas que nos hacemos y se adentra en los oasis de paz de los parajes naturales donde el rumor de las hojas no interfiere sino que mece los pensamientos más profundos.

Los árboles extienden el paraguas de sus ramas para cobijarnos de las muchas inclemencias que nos acechan, y la verticalidad de sus troncos nos recuerdan que nuestros orígenes se adentran en la profundidad de la tierra pero que nuestros anhelos miran carentes hacia el cielo. Las cortezas a menudo presentan cortes que son como las heridas que atacan la piel y más adentro, pero el tiempo acabará por aplicar el ungüento reparador. Los verdes, los dorados y los blancos señalan el paso de las estaciones y el continuo recomenzar del ciclo.

La pintora se interroga sobre qué esconden los árboles en un ejercicio que busca ir más allá de las apariencias para captar la esencialidad de la realidad. Sus telas muestran copas arboladas que se articulan en magníficas cúpulas arquitectónicas y hojas que se conforman alrededor de tallos que desarrollan simetrías perfectas, e invitan a meditar sobre la lógica que hay detrás de todo ello. La naturaleza, que ofrece una autenticidad mayor que la civilización que es obra del ser humano, es el espacio idóneo para librarse de la superficialidad y concentrarse en la transcendentalidad.

Tatiana Blanqué, por medio de unas obras serias y delicadas, ejecutadas con pleno dominio del trazo y de la composición colorista, capta a la perfección el ambiente de las zonas boscosas, de las que nos hace admirar el valor de la belleza y la virtud del equilibrio.

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